Fármacos y seguridad en la práctica odontológica

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En muchas ocasiones nos hemos preguntado hasta qué punto son seguros los medicamentos y cómo debemos administrarlos. ¡En el artículo de hoy te traemos toda la información sobre el uso de fármacos en la práctica odontológica!

La prescripción de fármacos es un acto terapéutico cotidiano y de lo más habitual en la práctica odontológica. Las actuaciones en el ámbito de la seguridad para el paciente cada vez han ido adquiriendo más relevancia, debido al riesgo posible de efectos adversos, además de la gran repercusión sanitaria y económica.

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La base de la prescripción farmacéutica en la práctica odontológica está formada por tres tipos de medicamentos: analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos y antibióticos, cuyos objetivos son paliar el dolor, la inflamación y la infección. Solo en determinadas ocasiones se recurren a corticoides o ansiolíticos.

¿Qué analgésico es el más seguro en la práctica odontológica?

La mejor opción por potencia analgésica y seguridad es el Ibuprofeno 400-800 mg, que además se puede emplear en niños. Otras alternativas son el Diclofenaco 50-100 mg y Ácido Acetil Salicílico 1000 mg, pero poseen más efectos adversos y no pueden ser empleados en infantes.

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También es buena alternativa el Metamizol 500-1000 mg por su gran potencia analgésica. Sin embargo, apenas tiene efecto antiinflamatorio. En determinados pacientes están contraindicados los AINEs y el Metamizol, por lo que la alternativa es el Paracetamol 1000 mg con Codeína 60 mg.

Existen pruebas convincentes de que combinaciones de Paracetamol y otros AINEs como Ibuprofeno y Diclofenaco son superiores a un agente único en eficacia y seguridad, aunque si se emplean tales combinaciones, deben limitarse a períodos cortos.

¿Qué efectos adversos pueden producir?

Según estudios recientes, no son muy frecuentes los efectos adversos que estos fármacos producen, pero en determinados casos, pueden ser patologías muy graves.

Aunque habitualmente en pacientes sanos no se generan problemas, los errores en las dosis, el desconocimiento de los efectos secundarios o interacciones medicamentosas, las pautas erróneas o incluso la presencia de alguna patología que el paciente desconocía pueden provocar reacciones adversas o efectos secundarios a los que deberemos prestar mucha atención.

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Se debe controlar la interacción con cualquier enfermedad del paciente, especialmente en ancianos (pacientes polimedicados) y las alergias existentes siempre deben ser comunicadas al dentista.

Estos son algunos de los efectos adversos más habituales:

  • Gastrointestinales: irritación gástrica, erosiones, úlceras pépticas, sangrado o perforación, diarrea, nauseas y vómitos. Son los más frecuentes.
  • Renales: retención de sodio y agua e insuficiencia renal crónica.
  • Hepáticos: elevación de las transaminasas e insuficiencia hepática. Se producen con poca frecuencia.
  • Sistema nervioso central: dolor de cabeza, confusión, alteraciones del comportamiento o convulsiones.
  • Hemáticos: sangrado, trombocitopenia o anemia son los más habituales.
  • Otros: exacerbación del asma, poliposis nasal, erupciones cutáneas, prurito…

Estas reacciones nocivas se pueden clasificar en dos grupos: tipo A (75-80% del total), derivadas de los efectos farmacológicos del fármaco y, por tanto, predecibles y dependientes de la dosis; y tipo B (20-25%), independientes del efecto del fármaco, impredecibles y no dependientes de la dosis.

Por todo lo anterior, existen una serie de consejos para el uso de los analgésicos en la práctica odontológica de forma segura y eficaz:

  • Administrar dosis adecuadas.
  • Consumir antes de que aparezca el dolor: este modo de acción es más potente, se evita la aparición de picos de dolor y se previene la extensión de molestias por la periferia.
  • Administrar regularmente, no solo cuando se necesita: debe respetarse el descanso nocturno. Pautas cada 6-8 horas son las más indicadas puesto que mejoran el efecto placebo de toma del fármaco contra el dolor y permiten modificar la dosis, aumentándola o reduciéndola según su eficacia. Pautas muy cortas, cada 2-4 horas, son poco prácticas y pautas cada 24 horas son muy útiles en dolores crónicos, pero no en los de tipo odontológico.
  • Utilizar la vía oral preferentemente: dado que es la más habitual y fácil al ser la menos invasiva.

Finalmente se debe aclarar que los tratamientos con AINEs menores de 5-10 días, como es lo frecuente en los tratamientos odontológicos, son extremadamente seguros y bien tolerados tal y como demuestran los estudios clínicos, siendo el paracetamol el mejor tolerado para la práctica odontológica.

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