Medicina Dental del Sueño: dolor orofacial

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Un dolor de cabeza persistente en la cavidad oral, acompañado de chasquidos al abrir y cerrar la boca y consiguientes alteraciones en la movilidad de la mandíbula, podría ser el primer indicador de disfunción craneomandibular. Una patología ocasionada muchas veces por el bruxismo, ese famoso “rechinar” dental involuntario que puede aparecer durante el sueño, en la que el estrés puede ser un factor desencadenante y que resulta cada vez más común. A este respecto, la Medicina Dental del Sueño (MDS) abre un nuevo campo de estudio y ofrece nuevas soluciones para mejorar radicalmente la salud y la calidad de vida de los pacientes.

Síntomas de la disfunción craneomandibular

El dolor orofacial, alojado en la zona de la boca y el rostro, puede ser una de sus formas de presentación si bien no es la única. Cefaleas, contracturas musculares en el área cervical, limitación e incluso bloqueo en la apertura o cierre de la mandíbula son algunos de los síntomas que puede ocasionar la disfunción craneomandibular, producida cuando el dolor orofacial es de origen masticatorio y está íntimimamente relacionado con el bruxismo.

Las consecuencias inmediatas cuando aparece este problema son de muy diverso tipo. En ocasiones, la disfunción craneomandibular está asociada a patologías musculares (como las mialgias) pero también puede cursar con dificultades articulares (artrosis, artritis o artralgia) o con patologías dentarias (pulpitis o periodontitis por el desgaste y la sobrecarga ocasionadas por el bruxismo).

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Cómo se trata el dolor orofacial y la disfunción craneomandibular

El primer paso para tratar correctamente el dolor orofacial de origen masticatorio es conseguir un buen diagnóstico para determinar cuál es su procedencia. Para ello, el dentista debe realizar una completa historia clínica del paciente y solicitar pruebas complementarias como resonancias magnéticas y radiografías, para las que se vuelve imprescindible contar con un equipo técnico de alta precisión.

El tratamiento a administrar depende del caso concreto ante el que se encuentre el odontólogo. De manera general, el tratamiento más común consiste en el empleo de técnicas con dispositivos intraorales, como férulas de descarga. En otras ocasiones, el tratamiento puede ser complementado con fisioterapia, infiltraciones, técnicas de control de la tensión, ortodoncia y reconstrucción protésica. Sólo en los casos más severos, en los que fracasen los procedimientos mencionados o no resulten aplicables, el dentista optará por la realización de cirugía.

El papel de la Medicina Dental del Sueño

Las alteraciones del sueño tienen un gran impacto sobre la salud oral de los pacientes, algo que ha llevado a la comunidad odontológica a prestarle la atención que merecen y que ha dado lugar al nacimiento de una nueva especialidad: la Medicina Dental del Sueño (MDS). El interés en estudiar las patologías asociadas al momento de descanso viene dado en gran medida por la comorbilidad cardiovascular, metabólica y neurológica que presentan estas complicaciones. El Síndrome de Apnea Obstructiva (SAOS), potencialmente mortal, el insomnio crónico, el Síndrome de Piernas Inquietas o el bruxismo (el rechinamiento o apretamiento de los dientes que puede presentarse durante el sueño o la vigilia), son algunas de las patologías que estudia esta especialidad y que tienen una repercusión directa y de gran importancia en la calidad de vida de los pacientes.

El bruxismo: causante del dolor orofacial

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Como hemos visto, el bruxismo es la afección que más comúnmente se esconde detrás del dolor orofacial y que a menudo acarrea problemas craneomandibulares. Los factores que desencadenan su aparición son múltiples y van desde algunos relacionados con los hábitos del paciente (consumo de sustancias excitantes, bebidas alcohólicas o tabaco), obstáculos en la oclusión causados por prótesis mal ajustadas y hasta factores anímicos, como el estrés y la ansiedad.

En muchas ocasiones, en bruxismo tiene lugar durante el sueño (concretamente de 10 a 30% de los casos en la población adulta) y, aunque es un problema que suele aparecer con la edad, también lo padecen los niños. Entre un 14 y 28% de los casos se presenta en pacientes infantiles y habitualmente el trastorno persiste en el desarrollo, llegando a la edad adulta.

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